Interpretando a los druidas
Los druidas han fascinado a los pintores a lo largo de la historia. Desde su desaparición, se ha ido creando un mito entorno a estos sacerdotes y profetas de la antigüedad. Rituales paganos, sacrificios humanos... Nosotros podemos reconstruirlos gracias al legado de algunas fuentes clásicas, aunque siempre hay que tomarlas con cautela. Una de las más fiables, quizá por su contemporaneidad, sea la de Julio César, que los describió en su libro «La guerra de las Galias». En el siglo I a.C., los druidas aparecían en las fuentes en forma de filósofos, maestros y guardianes de la cultura oral. Un siglo más tarde, esa imagen positiva se transformó, y los druidas se convirtieron en salvajes sacrificadores de humanos, videntes y practicantes de cultos secretos en arboledas aisladas. Los druidas fueron perseguidos por los primeros emperadores romanos, como Tiberio, que trató de reprimirlos publicando un edicto para acabar con ellos. Con la llegada del cristianismo, la religión pagana desapareció gradualmente y los druidas se ocultaron tras el velo del tiempo.
El resurgimiento del druidismo tuvo lugar durante el Renacimiento y cobró mucha más importancia durante el siglo XVIII. En estas épocas, la imagen del druida se transformó casi por completo. Fue John Aubrey (1626-1697), un anticuario británico, quien relacionó a los druidas con Stonehenge. De ahí surgió esa relación tan moderna de los druidas con los monumentos megalíticos; una relación falsa en el tiempo cronológico que también difundió William Stukeley (1687-1765), un médico inglés que acabó siendo célebre por sus prácticas druídicas. Con el Romanticismo llegó la desvirtuación total: además de los monumentos megalíticos, a los druidas se les asociaron las ruinas y castillos medievales, los páramos desolados y las montañas agrestes, el sentido trágico de la persecución y el misticismo en su filosofía. A pesar de ello, debemos admirar a los autores románticos por habernos legado estas imágenes tan enormemente bellas. Aquí podéis ver algunos ejemplos:
El resurgimiento del druidismo tuvo lugar durante el Renacimiento y cobró mucha más importancia durante el siglo XVIII. En estas épocas, la imagen del druida se transformó casi por completo. Fue John Aubrey (1626-1697), un anticuario británico, quien relacionó a los druidas con Stonehenge. De ahí surgió esa relación tan moderna de los druidas con los monumentos megalíticos; una relación falsa en el tiempo cronológico que también difundió William Stukeley (1687-1765), un médico inglés que acabó siendo célebre por sus prácticas druídicas. Con el Romanticismo llegó la desvirtuación total: además de los monumentos megalíticos, a los druidas se les asociaron las ruinas y castillos medievales, los páramos desolados y las montañas agrestes, el sentido trágico de la persecución y el misticismo en su filosofía. A pesar de ello, debemos admirar a los autores románticos por habernos legado estas imágenes tan enormemente bellas. Aquí podéis ver algunos ejemplos:
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| Noel Halle La ceremonia de los druidas (1737-1744) (National Gallery of Scotland) |





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