Las tres espirales
¿Por qué «Las tres espirales»? Se me ocurrió poner este nombre a raÃz de la lectura de un pequeño libro de Jean Markale, historiador especialista en el mundo celta, titulado precisamente «Las tres espirales. Meditación sobre la espiritualidad céltica», publicado en 1997 por la editorial José J. de Olañeta. Como mi intención aquà es acercar de forma amena la historia antigua y medieval, centrándome principalmente en los pueblos celtas y en la llegada del cristianismo, pensé que era un tÃtulo con mucho significado y un nexo de unión espiritual entre estos dos perÃodos de la historia.
La forma espiral fue un sÃmbolo religioso muy utilizado entre los pueblos de la Europa de la Edad del Hierro, aunque su origen es mucho más antiguo: encontramos ejemplos de espirales en tumbas de corredor, como en la de Newgrange, en Irlanda, o en objetos rituales como el carro solar de Trundholm, hallado en Dinamarca. Los antiguos pueblos indoeuropeos creÃan en la vida más allá de la muerte, en la reencarnación; por eso, inscribir una espiral en un monumento funerario simbolizaba el ciclo de la vida. No el fin de la vida, sino su continuación hasta el infinito. Una espiral era progreso, evolución, dinamismo y transformación. ¿Y si se unÃan tres espirales? Entonces le añadÃamos un nuevo concepto: el del triplismo, básico para entender el pensamiento anterior a la llegada del cristianismo. Hoy en dÃa, a este sÃmbolo de tres espirales se le llama trÃsquel, y es utilizado por el paganismo actual como representación de la perfección del ser humano, en tanto que cuerpo, mente y espÃritu. Para la cultura céltica, el número tres era considerado el número ideal. Tres eran el principio, el centro y el final; tres eran el pasado, el presente y el futuro; tres eran el nacimiento, la muerte y la resurrección; tres eran las triples figuras de diosas, como las MorrÃgna (Badb, Macha y MorrÃgan); tres eran las representaciones de las diosas-madres; tres eran las personificaciones de Irlanda (Ériu, Banba y Fódla). El tres era un número sagrado.
Cuando el cristianismo empezó a introducirse entre los pueblos de creencia pagana, se produjo una situación de sincretismo, es decir, se asimiló una cultura con unas costumbres y unas tradiciones distintas. El cristianismo adoptó parte del pensamiento celta, sus fiestas e incluso alguna de sus diosas, y las acomodó a su propia religión. Este sincretismo religioso fusionó dos culturas, no sin conflictos previos, formando asà la tradición cultural occidental que ha llegado hasta nuestros dÃas. La diosa Brigit se cristianizó en Santa BrÃgida, la celebración del solsticio de invierno se convirtió en la Navidad, y el concepto de triplismo se transformó en la Trinidad, el dogma central del cristianismo que afirma que Dios está formado por tres personas distintas, el Padre, el Hijo y el EspÃritu Santo. Tres en una Unidad. Una y Tres a la vez.
Este es mi porqué de las tres espirales.
«En algún lugar del bosque de Brocéliande, en un claro donde mana una fuente junto a una roca a los pies de un roble, la sombra de MerlÃn merodea sin cesar y, al anochecer, cuando los pájaros enmudecen, en el cielo que se torna rojo entre las ramas, no es raro ver al Sol estallar en tres espirales de fuego sobre un mundo dispuesto a zozobrar al otro lado del horizonte».

